La ruta más peligrosa...

Cada vez que lo recuerdo, un frío recorre mi espalda como una sombra…

Y es que pasar por esa carretera me producía de todo: desde ansiedad hasta dolores de cabeza…

Sin embargo, debía entregar esa carga y aunque ya le había comentado a mi jefe que esa ruta era muy peligrosa para transportarla, él confiaba en mí porque yo era uno de los conductores más experimentados con los que trabajaba.

Así que, supe que era lo que tenía que hacer para enfrentar esa situación…

La carretera del infierno

Así la llamaban muchos transportistas que la habían transitado y decían de todo:

  • Que robaban mucho
  • Que colocaban objetos para que los neumáticos se pincharan
  • Que salían tipos de la nada en la carretera y te obligaban a parar el camión como en las películas…

Pero lo que yo temía era que me pasaran alguna de esas situaciones…

Había escuchado tantas historias de esa carretera que solo el pensar que debía pasar por ella me daba jaqueca.

Pero, a pesar de todas las referencias negativas que tenía sobre esa ruta, decidí buscar más información sobre ella a ver si encontraba algo que me ayudara a transitarla sin mayores problemas.

Y encontré que una de las herramientas que podíamos usar para buscar mejores rutas, más seguras y que nos permitían llegar al destino de la carga en menos tiempo era con el uso de GPS en el camión.

El problema era que mi jefe tenía un presupuesto muy ajustado para instalarle el GPS al camión que me tocaba conducir el día del traslado de la carga, pero aún así no me rendí y busqué otras alternativas como Google y sus mapas.

Llegó el día menos esperado y me armé de valor para conducir el camión por la “carretera del infierno”.

Lo reconozco, me sentía muy nervioso pero al mismo tiempo algo dentro de mí me decía: “vamos, tú puedes”

Así que emprendí la marcha…Mientras conducía por la carretera, todo estaba “extrañamente tranquilo” (ni las aves cantaban) y eso me puso más nervioso, porque sentía como si más adelante en la ruta me estuvieran esperando…

Para calmarme, encendí la radio y busqué la emisora que siempre escucho mientras traslado cargas (la que transmitía la música pachangosa que me gusta).

Miré a la estampita de la virgen que mi esposa me había regalado (que siempre me pedía que llevara conmigo) y dije en voz alta como si hablara con ella en persona:  

“Virgencita por favor, cuídame durante este viaje, no quiero dejar a mi vieja sola en este mundo, permíteme regresar a casa con ella.”

Luego de esta pequeña oración, me fui relajando poco a poco y el viaje comenzó a hacerse más calmado, como si no estuviera en esa ruta que me angustiaba, sino todo lo contrario, me sentí tranquilo (y hasta cierto punto seguro).

De repente, vi la señalética que indicaba que estaba a punto de llegar al destino de la carga y pensé:

“¡Wow! El viaje se hizo súper corto…y atravesé toda la carretera del infierno ¡sin problemas!”

Entré a la empresa donde debía entregar la carga. Luego de la revisión de la misma y la documentación, me dispuse a regresar a mi casa.

De pronto un pensamiento en mi cabeza me dejó preocupado y me dije a mí mismo:  

“Ahora tienes que regresar, Carlos y tendrás que pasar por la misma ruta…”

Ese pensamiento me hizo sentir ansioso y nervioso hasta que llegué al camión.

Una vez dentro, miré de nuevo la estampita de la virgen fijamente y dije:

“Acompáñame de regreso, virgencita”

Y emprendí la marcha de vuelta a mi casa…

Durante todo el trayecto, me sentí acompañado dentro del camión, como si alguien viajara conmigo…Sé que era ella, mi virgencita, y en menos de lo que pensé ya estaba en mi casa junto a mi querida esposa, Natalia.

Nuevos caminos por recorrer

Debo admitir que durante un tiempo tuve fama de celebridad entre mis compañeros del rubro, por haber transitado por la “carretera del infierno” sin ningún tipo de problema, pero más allá de eso, ahora sé que no fue “sólo suerte” como muchos me dijeron.

Yo me preparé para transitar por esa ruta, busqué la mejor opción para poder llegar al destino de la carga y siempre estuve alerta de todo a mi alrededor, sumado a mi larga experiencia como conductor, creo que me ayudaron a salir ileso de esa carretera.

Pero lo más importante fue que pude enfrentar mi miedo y gestionar mis emociones durante mi trabajo como transportista, que dicho sea de paso, no es para nada fácil y hay que tener mucho amor por esta profesión para mantenerte en este tipo de trabajo, pero a mi ¡Me apasiona!

Y lo bueno de toda esta experiencia es que mi jefe presionó a los dueños de la empresa para que compraran los GPS y los instalaran en todos los camiones de la flota.

Desde entonces, mis compañeros transportistas y yo nos sentimos un poco más seguros y resguardados cuando trasladamos cargas y, aunque sabemos que no todas las rutas son inseguras, al menos la “carretera del infierno” ha dejado de ser para mí la ruta más peligrosa.

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